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Miércoles, 12 Abril 2017 04:20

Así formé a los niños triquis, bicampeones en basquetbol: Sergio Zúñiga

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Llegué a Oaxaca siendo jugador de primera fuerza, conocí las comunidades indígenas, su cultura, sus necesidades y desde ese tiempo me nació la idea de hacer una escuela digna para niños con carencias. Había escrito un proyecto, Cambio de actitud en comunidades rurales, que pensaba aplicar en alguna comunidad indígena pero lo fui aplazando pues me fui de mojado a Estados Unidos (Georgia) para perfeccionar mi forma de jugar y luego terminé la licenciatura como entrenador deportivo en la Escuela Nacional de Entrenadores Deportivos (ENED), hice especializaciones como preparador físico en Cuba y en Argentina.

Trabajé en escuelas secundarias dando clases de educación física, pero la verdad es que no era lo mío, pude convertirme en asistente de la Selección Nacional de Basquetbol para los Panamericanos pero se me presentó la oportunidad de trabajar con los niños triquis, así que me dije: “Esto es lo que yo estaba esperando y decidí quedarme”.

Encuentro definitivo

Una maestra de El Rastrojo, cerca de Copala, en la zona triqui de Oaxaca, me presentó a sus dirigentes y me dijo que el proyecto que tenía planeado encajaría muy bien en la región. No hay que olvidar que el basquetbol es el único deporte que se practica en las comunidades indígenas.

Cuando comenté la idea con mi esposa, mis padre, y otros familiares me advirtieron que era una comunidad muy peligrosa por los conflictos y la violencia que allí había. Trataron de hacer cambiar mi decisión pero a todos les respondía que sí iba a poder.

Mi plan era que cada niño indígena tuviera un mejor futuro por medio del estudio y que el deporte fuera su motivante para que siguiera estudiando. Me decían que estos niños con tantas carencias, mal alimentados y poco desarrollados lo último que les importaba era la escuela pero yo afirmaba que con este proyecto los niños regresarían a la escuela, mi objetivo principal era lograr que los niños estudiaran y que más allá de los logros deportivos lo más importante serían los logros escolares.

Mi encuentro definitivo ocurrió en 2009 cuando platiqué con los dirigentes del Movimiento de Unificación de Lucha Triqui (MULT), con los lideres naturales, el Consejo de Ancianos, los agentes, les expliqué del programa, y ellos se sorprendieron pues creían que era imposible. Otros me cuestionaban diciéndome que si yo era del Servicio Secreto porque iba a meterme a sus comunidades, o que si traficaba niños porque les pedía muchos papeles, etc.

Les expuse mi plan y manifesté mi pensamiento de que ‘No hay peor violencia que el hambre’. Desde que vi este lugar supe que podía cambiar su historia.

Me aceptaron y empecé en una escuela en Rastrojo Copala. Con el tiempo recorrí las 21 comunidades triquis, localizadas al noroeste del estado de Oaxaca, desde Juxtlahuaca, hasta Cerro Cabeza y Cerro de Agua. Fue así como inició formalmente la Academia de Baloncesto Indígena de México (ABIM) con el apoyo del MULT y también con el de YBOA-México (Asociación de Basquetbol de América, por sus siglas en inglés.)

Tomar el balón

Los primeros contactos con los niños fueron de asombro, al principio no me entendían porque yo no hablaba su lengua, pero les enseñé a través de los otros entrenadores, que fungieron como intérpretes, que antes de tomar un balón deberían mentalizarse.

Lo más importante es que les enseñamos a reconocer su cultura, su situación económica y social, les hice ver que su pobreza no es una desgracia sino una virtud, que el ser indígena es un sinónimo de orgullo, no de vergüenza; que su lengua es algo especial dentro de nuestro país; les recalqué que aquello que consideraban desventaja era en realidad un gran punto a su favor. Cuando terminé este proceso (dándoles cursos de psicología, liderazgo y risoterapia), le dije que ya estaban listos para tomar el balón de basquetbol y entonces se sorprendieron con las grandes cosas que podían hacer.

Les enseñamos a sacar todas las virtudes que su físico les da, son rápidos, muy fuertes, muy resistentes además que ya mentalizados pueden contrarrestar la estatura y el físico de muchos equipos. Los niños indígenas se caracterizan porque son muy entregados, trabajan muy bien, no ponen pretextos, son muy disciplinados.

Entre los requisitos que les pedimos para pertenecer al grupo es ser alumnos con un promedio mínimo de 8.5, hablar su lengua materna, ayudar con las tareas de casa, tener buen comportamiento en la escuela, una vez que lo asimilan y están conscientes de lo que esto significan se integran y les fascina estar con nosotros.

Las clases son de ocho a 12, con tres horas para los entrenamientos, una hora para la comida, una hora para su clase de inglés, dos horas para hacer sus tareas, una hora para su aseo personal, una hora libre y a las nueve de la noche ya tienen que estar durmiendo.

Los que son escogidos para formar parte del equipo salen de sus comunidades toda la semana, los talentos, como les llamamos, están en un albergue en Santa Cruz Río Venado, municipio de Constancia del Rosario y los niños destacados se concentran en Oaxaca capital, y los demás en sus comunidades llevan el mismo patrón para que cuando sean becados o escogidos tengan todas esas facilidades.

Cuando los niños son seleccionados saben que van a disfrutar de otra ventaja: hacer sus tres comidas al día. Existe una motivación extra para los pequeños vivir experiencias nuevas que de otra forma no podrían experimentar, además de los viajes a la capital del estado a torneos deportivos dentro y fuera de la entidad.

Pies descalzos

A los familiares no les pedimos nada, les agradecemos que nos permitan formar a sus hijos, se les explica todo lo que la AMIB hará por ellos y hasta dónde son sus alcances, pero al final son los papás los que tienen la última palabra.

Al principio hubo algunos papás que se negaron a que sus hijos ingresaran, pues no es muy común ver a los niños de la región jugando basquetbol cuando tienen que trabajar en el campo por más de ocho horas, llevar leña para la casa, acarrear agua, cuidar a los hermanitos, o las niñas tienen que casarse a los 12 años. Cuando empezaron a ver los resultados, aceptaron y ahora les gusta la idea.

En los inicios para poderme desplazar con los equipos triquis tuvimos el apoyo del MULT que nos ayudaba con el transporte, a veces solicitaba ayuda a los amigos que tengo en Monterrey quienes también nos apoyaban con la comida, el hospedaje o las comidas en los torneos. Debo reconocer que durante mis recorridos por la región triqui, famosa por su violencia, nunca me pasó nada, en ocasiones algunos pobladores me advertían que no podía pasar a algún lugar o que tenía que esperar algunas horas, pero fuera de eso todo transcurrió en orden. Gracias a una red de patrocinadores y donaciones, los niños reciben uniformes y calzado deportivo nuevo, algunos prefieren no usarlos para no desgastarlos y otros porque sus pies no están acostumbrados y les salen ampollas. De hecho en sus comunidades ellos andan descalzados y se desplazan así todo el día. Tuvimos que pedir permiso a los organizadores para que algunos de ellos pudieran jugar descalzos porque cuando usaban tenis no tenían el mismo desempeño.

Si bien la etapa de reconocimiento para los muchachos empezó al año y medio de haber arrancado el proyecto, pudo iniciar antes pero consideré que todavía faltaban hablar con ellos y prepararlos mentalmente. Nuestros primeros triunfos fueron en Aguascalientes, Monterrey, Celaya lo que provocó que los medios nos empezaron a poner bajo los reflectores: aparecimos en noticieros, entrevistas, y hasta viajamos a Estados Unidos. Ahora el mundo del basquetbol nos los reconoce y nos invitaron al mundial infantil de Argentina y la Copa del Caribe en República Dominicana. Fue por entonces que nos empezaron a conocer como Los Campeones Descalzos de la Montaña. Ahora además de niños de los niños de la zona triqui también tenemos de otras regiones de Oaxaca.

Milagro de la montaña

Si bien yo encabezo el proyecto, junto a mí están 25 entrenadores indígena, menores De 25 años quienes me ayudan a preparar a los basquetbolistas, yo los capacito para que se conviertan en entrenadores, les ayudo a conseguir becas. Nuestro programa creció, empezamos con 500 niños y ya tenemos 2,500 y queremos terminar el año con 3,500 niños que además del deporte buscan cambiar su historia.

Estamos buscando que estos niños indígenas pongan el ejemplo a muchos chiquillos que tienen todo y a los que no tienen también para que vean que se pueden hacer realidad sus sueños. Esperamos ser el siguiente emblema de las comunidades indígenas, aquellos que pese a la pobreza y el hambre muestren su carácter y fortaleza interna.

Los jugadores indígenas saben que una derrota no significa más que una cosa, que no se ha trabajado lo suficiente, por ello ellos siempre dan su máximo esfuerzo porque saben que el deporte y el estudio es su único camino para triunfar para que lo sigan apoyando. Puedo decir que estos niños me dieron una gran lección sobre el México olvidado. Para ellos este es el momento de seguir cambiando el rumbo de la historia. Se trata de recuperar la esperanza perdida y seguir siendo “el milagro de la montaña”.

Lo más importante que hemos conseguido es que estos niños no repitan su pasado, la historia de sus padres, y que tengan un futuro diferente.

Sergio Zúñiga es entrenador de la Academia de Basquetbol Indígena de México, defeño de 46 años de edad, casado, padre de un hijo, y oaxaqueño por adopción desde 1983.

 

http://bit.ly/2o3sQjd

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